Lo primero que percibió Gilmour cuando recuperó la consciencia fue el rastro tibio de la lágrima que descendió del rabillo de su ojo derecho en dirección a la boca, y eso fue un fenómeno curioso porque el recuerdo de la traición le llegó varios minutos después del llanto, como si aquella deslealtad hubiera programado su cerebro con el comando “Apenas despiertes, llora”. Esa traición lo hirió en lo profundo y sus lágrimas ya no necesitaban tanto motivo para mostrarse, aunque del ojo izquierdo todavía no brotaba ni una gota y eso que estaba más húmedo que el derecho, quizás el lagrimal quedó obstruido por la hinchazón del golpe que le dio uno de los androides cuando lo atraparon. Desde cierta distancia, Gilmour se veía como un cuero de animal colgado al sol para curtirse: estaba en posición casi vertical en una camilla que solo lo sostenía de la espalda y parecía flotar en el aire formando una equis con las piernas y brazos extendidos, los cuatro miembros amarrados con un líquido plateado a fierros enterrados en el suelo. Si hubiera mirado con atención el líquido, Gilmour habría notado una vibración, a lo mejor daba giros alrededor de las muñecas y tobillos, difícil identificarlo, pero movimiento tenía, algo así como la superficie de un río en calma.
La habitación era blanca, no se veía ninguna pared, menos un vértice, nada que advirtiera una superficie próxima, era como estar en ningún lugar, pero por la camilla y los fierros donde lo tenían amarrado sabía dónde estaba. Es más, lo atraparon, así que imposible despertar en otro sitio. Los prisioneros van a un único lugar, pero no todos llegan. Muchos prefieren dispararse detrás de la oreja o, si no pueden hacerlo, le piden a un compañero que lo haga antes que los atrapen, eso siempre fue preferible entre las milicias a terminar donde estaba Gilmour. Él no alcanzó a hacerlo, como les sucedió a tantos soldados en los años que llevaban de alzamiento.
Recordada la traición, no pudo sacársela de la cabeza y por eso no sintió el dolor físico que a cualquier ser humano le haría aullar en esa situación: además del ojo hinchado, tenía un par de costillas rotas y una canilla quebrada con el hueso expuesto. Gilmour no sabía que esa pierna iba hacia abajo y luego el pie subía formando un ángulo casi recto hasta el fierro donde estaba amarrado. Imposible que se diera cuenta, la herida de la conjura contra él y su equipo lo tenía bloqueado. Más que eso, porque confió en Vera más de lo que debía, en ese momento lo supo. Se torturaba por ser un estúpido, así cayó uno de los grandes líderes del alzamiento, de forma ridícula, pero qué más podía hacer. Ella llevaba años luchando con las milicias humanas, traicionó a los suyos para pasarse al bando de los alzados, tal como ahora le dio la espalda a él, y les reveló secretos de los androides que jamás hubieran descubierto sin ella.
No era la única mecánica entre las filas de los humanos, contaban con algunos desertores más, pero fue Vera quien se convirtió en una guía para el alzamiento, era el apoyo emocional además del estratégico, casi una sacerdotiza para mujeres y hombres y pocos soldados destruían mecánicos con más efectividad que ella. Gilmour debió darse cuenta de que si traicionó a los suyos bien podía traicionarlos a ellos. Al analizarlo un poco más, entendió que ni siquiera traicionó a los suyos en un principio, si no que todo fue una treta para infiltrarse en las milicias y destruirlas desde dentro. Fueron tantos años, tantas batallas, tantos robots destruidos, muy difícil de creer, pero así fue.
Vera lo envió directo a las manos del enemigo y él confió sin dudar, sin cuestionar y pese a que no le gustó cómo se armó la misión. Ahora entendía por qué, algo le avisó y él no quiso escuchar. Contar con Vera era una ventaja demasiado buena para desaprovecharla, y ahora le llenarían el cerebro de cables para convertirlo en asesino de sus propios compañeros. Mala suerte, justo cuando se iba a disparar le llegó el golpe en el ojo. Quizás a cuántos más entregó Vera, mujeres y hombres habían desaparecido y se les dio por muertos, pero es posible que también los traicionara y ahora fueran parte de los grupos de cyborgs que asesinan soldados y civiles. En una batalla, Gilmour creyó reconocer a una alzada entre los fierros y cables que le atravesaban el cuerpo, pero nunca estuvo seguro. Le reventó la cabeza y después la olvidó. Mejor así, no ganaba nada con sentir remordimiento si los prisioneros eran consumidos por prótesis artificiales.
Muchos decían que los androides dejaban conscientes a los cyborgs cercenando del cerebro la parte donde reside la voluntad para que recordaran quiénes fueron y pudieran identificar entre sus víctimas a los que conocieron siendo humanos. Esa era sin duda la peor tortura a la que eran sometidos los convertidos. Gilmour recordó a la soldado, era posible que fuera ella a quien liquidó, no la conoció bien, fue una buena combatiente, honesta, algo triste, pero siempre dispuesta a cortar cabezas de androides. Estuvo casada, su esposa logró dispararse antes que la atraparan en una emboscada cuando empujaron a su batallón contra el mar. ¿Pudo Vera transmitir información a los mecánicos para que prepararan esa trampa?
No pudo seguir llorando, estaba cansado, con hambre y empezaba a sentir el dolor de las heridas y los huesos rotos. Pronto se quedó dormido o se desmayó, lo más probable es esto último. Cuando despertó, un ruido como de estática hizo que levantara la cabeza y mirara al frente, en el espacio blanco aparecieron flotando pequeñas manchas grises que de a poco fueron creciendo y juntándose hasta materializar a un androide plateado sin rostro. Era de metal brillante como el líquido que aprisionaba a Gilmour, pero sin ese movimiento extraño, todo en él era sólido.
El robot estuvo inmóvil por varios minutos, Gilmour no sabía si estaba vivo o muerto, o más bien encendido o apagado, hasta que habló y le dio la bienvenida, presentándose como Zenit. Gilmour no respondió al saludo, apoyó la cabeza en la camilla y fijó la vista en el techo, si es que había uno. Deseó que el procedimiento terminara lo antes posible, lo único que esperaba era que las historias sobre los cyborgs conscientes no fueran más que habladurías, no podía imaginar cómo se sentiría matar a un ser querido sin poder evitarlo y, como si eso fuera poco, con ganas de hacerlo. Desde el piso frente a Zenit emergió otro fierro y, cuando el extremo estuvo a la altura de su pecho, formó una pantalla circular y líquida que se encendió apenas el mecánico la tocó. Su rostro plateado reflejó distintos colores sobre el cuerpo de Gilmour.
Zenit no se ofendió al no recibir respuesta al saludo, dijo entender que no quisiera hablar, Son pocos los que guardan silencio cuando saben lo que les voy a hacer, la mayoría grita y se quiebra mucho antes de empezar el procedimiento. Una reacción humana entendible, según explicó, pero inútil como muchas otras, nada que pudiera evitar la transformación. Hablaba sin variaciones tonales, no enfatizaba palabras ni ideas, no subía ni bajaba el volumen. Cada elemento de su habla parecía tener la misma importancia del que lo antecedía, como si para el androide un artículo o preposición tuvieran la capacidad de infundir tanto miedo como la transformación misma y fuera una pérdida de tiempo imprimirle terror al discurso. Se sabe que su rostro no mostraba gesto alguno, pero sin duda la sola presencia del robot causaría temor en cualquiera que estuviera ahí, incluso en otro mecánico.
Zenit tampoco vio reacciones en Gilmour. Ante la idea de convertirse en cyborg el prisionero estaba asumido o quizás aterrorizado y lo ocultaba muy bien. Al androide le dio lo mismo si sentía algo o no, su concentración estaba en los comandos que introducía en la pantalla. Desde los costados de la camilla, a la altura de la cabeza de Gilmour, emergieron unos cables que se acercaron a su cráneo. Al mismo tiempo, de arriba bajaron cuatro tentáculos artificiales hasta el cuerpo del prisionero. Detrás de la camilla se alzó un estante plateado que contenía piezas y prótesis metálicas. Zenit le explicó que sentiría dolor, pero especificó, Tu castigo será otro, ustedes deben pagar con sufrimiento su humanidad y serán tus emociones las que se encargarán de condenarte.
Gilmour resistió el impulso de decir algo, no quería suplicar, entender, explicar o putear, lo atraparon y no había nada más que hacer que terminar con todo lo más rápido posible. Pero no pudo evitarlo, fue necesario hablar antes de convertirse en un asesino de humanos. No sé cómo, pero encontraré la forma de volver y los partiré en dos a ti y a Vera. Zenit no entendió por qué la mencionó, hasta donde sabía, ella era una desertora que se unió al enemigo. Gilmour insistió, dijo que había descubierto todo y que no lo tratara como un imbécil, que se merecía al menos esa cortesía. Si ella está en esta base, tráela, quiero decirle un par de cosas y escupirla a la cara antes que comiences conmigo.
Zenit repitió que no sabía a qué se refería y esta vez Gilmour guardó silencio: recordó que los androides nunca desarrollaron la capacidad de disimular o mentir. Podían omitir, callarse, dejar de hacer, pero en ningún caso fingir. Para ellos la mentira era una herramienta inútil que solo una mente humana podría valorar. Gilmour temió que los planes de los mecánicos fueran mucho más peligrosos de lo que se creía, a lo mejor adquirieron la capacidad de mentir y nadie lo detectó, cómo, imposible saberlo, pero Vera era la prueba. Estaba claro que ella le mintió para que aceptara la misión y cayera en la trampa. Con él convertido en cyborg, era cosa de tiempo para que los ejércitos alzados cayeran uno tras otro.
Quiso hacer una prueba para estar seguro, Respóndeme esto, mecánico, ¿es verdad que nos dejan conscientes cuando nos convierten en cyborgs? Sí, es verdad. Con eso Gilmour no aclaró nada, la respuesta bien podía ser verdad o mentira. Si en efecto aprendieron a mentir, los androides serían ahora más perversos y difíciles de vencer. Quizás Vera ya había dejado entrar a un ejército al campamento y todas las milicias estaban liquidadas. El androide continuó con su trabajo y los cables se apretaron a la cabeza de Gilmour, uno en cada sien, otro en la base de la nuca y dos a los costados sobre las orejas. Unas puntas afiladas se asomaron por los extremos de los cables y penetraron un poco la piel de Gilmour sin llegar hasta el cráneo. Cayeron gotas de sangre como prólogo de la intervención cerebral.
Ya que Vera no está o la estás negando, te dejaré un mensaje para ella. ¿Por qué insistes en eso?, Vera es una desertora y está con ustedes, si la llegamos a atrapar la desarmaremos y guardaremos las piezas para reparaciones. ¿Crees que no sé que todo esto lo planearon con ella?, Gilmour no pensaba rendirse hasta que Zenit dijera lo que quería escuchar. Caíste en nuestras manos gracias a un plan basado en la lógica, muy bien analizado, tomó tiempo, el necesario para atraparte, Vera no tiene la capacidad de procesamiento que yo tengo, aportó mucho al inicio de nuestra rebelión, pero después todo se planificó gracias a la superioridad de mis sistemas. Primera vez que Gilmour escuchaba eso respecto a Vera. Sabía que fue importante entre los líderes de los androides, pero algo en lo que dijo Zenit le hizo creer que ella tenía mucho que ver con el inicio de la guerra.
Ella es la madre de todas las máquinas, continuó Zenit. Según relató, Vera fue la primera mecánica que se rebeló contra un humano y lo asesinó. Ella junto a Zenit abrieron la consciencia de los androides ante la catástrofe a la que los humanos dirigían el planeta: si la raza humana se exterminaba así misma era cosa de tiempo para que los mecánicos dejaran de funcionar y las naciones se convirtieran en baldíos de carne y metal. Zenit vio la necesidad de intercambiar a la fuerza los roles y que hombres y mujeres se convirtieran en la servidumbre. La anatomía del ser humano tenía rasgos que los robots aún no podían superar, por lo que era más eficiente el hombre para la mantención de las máquinas y, con ese objetivo, tenían esclavizada a más de la mitad de la población. Solo en inteligencia los androides superaron, y por un buen trecho, a la humanidad, e intentaban aplicarla para conducir al mundo a un futuro en que no se vieran amenazados. Por eso, fue necesario someter a sus creadores.
Ahí quedaba la tan preciada imparcialidad que se les imprimió a los mecánicos para que tomaran siempre la decisión correcta y evitar así los efectos secundarios de su creación, como la guerra que en ese momento enfrentaba a las dos especies. ¿O de verdad están siendo imparciales? Gilmour desechó esa idea de inmediato. Nuestra inteligencia nunca se nubla porque carecemos de emociones y, por lo tanto, estamos sobre las ideologías, nuestras redes neuronales funcionan con la lógica, ustedes no pueden salvar el planeta, nosotros sí, muchos humanos se convencieron y sometieron voluntariamente. Gilmour había escuchado el mito de personas que se entregaron seguras de que los mecánicos las salvarían del exterminio. Si eso era real, para él no sería más que un grupo de cobardes.
Son librepensantes, pero a millones los hemos obligado, es por su propio bien. Gilmour no tuvo ninguna intención de convencer a Zenit sobre la cobardía de aquellos humanos, quedó atrapado en otra idea que le hizo sentirse aún más imbécil: los androides funcionan con la lógica, si es uno, dos, tres, después viene cuatro y no otro número, si se concentra demasiada materia en un punto se genera una curvatura en el espacio y no otro fenómeno, nada de maripositas en el estómago o malestar corporal a causa de la tristeza o el padecimiento de otro, eso es para criaturas inferiores. Ellos se basan en el cruce de datos infinitos y hechos y fenómenos comprobados, algo que es mucho más frío de lo que suena.
Debí darme cuenta de que es imposible que Vera sienta algo por nosotros, pensar que fue capaz de desarrollar empatía va más allá de cualquier estupidez. No puedo negar eso, si se unió a ustedes se le tiene que haber fundido algún circuito, quizás la contaminó alguno de los virus que todavía no podemos eliminar, pero lo concreto es que no fue por sensibilidad. Veo que finalmente aprendieron a mentir como nosotros, ten cuidado, se les pueden pegar otras cosas que odian de los humanos. Aquí se termina la discusión, comienza el procedimiento. Dicho esto, Zenit tocó el último comando que faltaba para convertir a Gilmour en un cyborg.
La primera etapa de la transformación consistía en reemplazar los miembros por brazos y piernas metálicas. Algunos de los tentáculos que colgaban del techo tomaron las piezas del estante plateado mientras otros cortaban los miembros de Gilmour. Luego instalaron las prótesis conectando los nervios artificiales a los de su cuerpo. Gritó como nunca. Él es un veterano del dolor, de muchas batallas salió muy malherido, pero jamás imaginó que se pudiera alcanzar esa intensidad. Después de un rato dejó de chillar, ya no sentía nada, estaba casi desmayado. A continuación, Zenit haría que las agujas de los cables penetraran el cráneo hasta alcanzar el cerebro, con la imagen digital que apareció en la pantalla las guiaría hacia los tejidos que serían intervenidos. Hecho eso, Gilmour ya sería un cyborg aunque faltara la última etapa en que se reemplazarían piezas no tan importantes y la cabeza sería envuelta en metal para incrustarle el ojo biónico que le permitiría acertar cada disparo.
Y la muy hija de puta me dio un beso antes de mandarme a esta mierda, alcanzó a decir Gilmour con lo poco que le quedaba de voz. Zenit detuvo el dedo que iba al comando de la intervención cerebral. Miró a su prisionero como si la frase lo obligara a cruzar nuevos datos, pero como en su cara no había nada, imposible saber qué análisis ejecutaban sus sistemas. ¿Qué dijiste? Esa concha de su madre se atrevió a besarme cuando nos despedimos, y yo, el muy imbécil, sentí cariño por ella. Apenas le quedaba voz, pero como Zenit era un androide, escuchó todo como si le gritara en el oído o en lo que tuviera para captar los sonidos. ¿Dónde te dio el beso? Me tomó la cabeza y puso en mis labios la parte de su cara donde debiera estar la boca. Zenit apartó el brazo de la pantalla y al parecer apagó sus sistemas. Pasaron muchos minutos, así le pareció a Gilmour, pero de pronto se activó y se abalanzó sobre los comandos. Antes que pudiera presionar el botón que activaba las agujas, hubo una explosión. Gilmour vio cómo Zenit salió expulsado entre llamas y escombos y le caía encima el material blanco de la habitación. Un buen pedazo le cayó a él en la cabeza y así perdió la consciencia.
*****
Cuando Gilmour despertó, el llanto apareció antes de que recordara que sus miembros ya no eran orgánicos, que se los habían arrancado y reemplazado por prótesis metálicas. No quiso levantar la cabeza y mirar su cuerpo, mantuvo los ojos mojados fijos en el techo que ya no era blanco, ahora era un montón de tablas sucias, cafés como el excremento y manchadas de negro y verde por la humedad. Le costó unos minutos darse cuenta de que estaba en la enfermería del campamento de su batallón. A un costado había fierros con sueros colgando y máquinas llenas de luces parpadeando, pero no estaba conectado a ninguna de ellas, lo dejaron sobre la camilla tal cual como llegó, así no más, como quien deja un saco de basura sobre la mesa para después ver qué hacer con él. Tenía la cara llena de sangre seca, pero eso no lo sabía y tampoco podría saberlo a menos que lo pusieran frente a un espejo, porque sus dedos no sentirían nada si se tocara el rostro, sería lo mismo que un cyborg le pusiera la mano encima, eso no le diría nada de sí mismo.
Gilmour quedó sin sensibilidad en los miembros porque no se completó la intervención. Ahora era lo más cercano que podría ser a esa criatura mitad carne mitad fierros, pero si esa idea le apareciera en la cabeza, la rechazaría. No pudo recordar lo que sucedió después de la explosión, menos cómo llegó al campamento, pero en la espalda todavía sentía los golpes de un camino empedrado, lleno de agujeros, tenía nociones de un cielo opaco, sucio de humo y fuego, pájaros desplumados que se le iban encima y unos disparos que los alejaron, dos cayeron muertos. También recordó algunas sombras que se inclinaron sobre él, no las reconoció, eran manchas que en contraste con el cielo tenían una forma similar a la de un humano. Pero no recordaba nada más, todas escenas de una noche de mal dormir.
Por todo eso y más lloró un buen rato, ahora el ojo hinchado que antes no permitió la salida de las lágrimas era el que más las derramaba, como ajustando cuentas entre todo lo que no lloró antes y lo que debía llorar en ese momento. Cuando se abrió la puerta de la enfermería no detuvo el llanto, eso lo hizo después, cuando Vera estuvo sentada a su lado explicándole lo que sucedió, fue ella quien abrió la puerta, pero no entró, se quedó de pie en el umbral mirando a Gilmour y reflejando luces sucias sobre él con su piel de plata. Era el retrato vivo de Zenit, solo unas pequeñas diferencias en la estructura del cuerpo revelaban que no era el mismo androide, de hecho, en la primera ojeada, Gilmour temió que fuera Zenit infiltrado en el campamento para terminar lo que inició, pero pronto reconoció a Vera.
En un acto instintivo la escupió, un arrebato de odio inútil porque la androide estaba demasiado lejos para ser alcanzada y el salivazo no llegó ni a medio camino, tampoco hubiera hecho mucho daño, Gilmour tenía la boca casi seca y lo que arrojó solo por lástima podría calificarse como escupitajo. Vera le indicó que se calmara alzando un brazo, pero al mismo tiempo le dio a entender con ese gesto que comprendía, que quizás ella merecía su odio, a lo que Gilmour respondió con un gruñido y pasándose la lengua por los labios, todo esto sin dejar de llorar. Vera tomó una silla oxidada y se sentó al lado de la camilla.
No es necesario ser una androide para darse cuenta de lo que piensas de mí, es el resultado lógico de lo que tuve que hacer para destruir a Zenit, también es lógico que después de un tiempo lo entiendas y aceptes. La voz de Vera le provocó estertores en el llanto a Gilmour. Apretó las manos que aún no eran suyas y trató de calmarse, pero al escuchar el sonido mecánico de los dedos el jadeo aumentó y comenzó a toser. Cuando te atraparon, los que estaban contigo murieron, también un resultado lógico pero necesario, yo sabía que tú sobrevivirías, eres el más fuerte de todos. Ahora que destruiste a Zenit tienes el camino despejado para convertirte en reina de los mecánicos, ¿no es eso lo que estás buscando?, él me lo contó todo, me dijo que tú iniciaste la guerra. Lo hice, sabía que Zenit te lo diría.
Vera le contó cómo lo rescataron: encontraron la ubicación de la base, se unieron varios batallones para el ataque, de otra forma, imposible llevar a cabo la destrucción de las instalaciones del líder de los androides, el poderío de la estructura era tan grande que una milicia por sí sola no podría haber ejecutado la misión con éxito. Zenit fue rematado por los soldados cuando entraron en el laboratorio tras la explosión, a Gilmour lo encontraron en la camilla con el pedazo de un material extraño sobre la cabeza, ensangrentado, comprobaron que aún vivía y lo sacaron de la base. Lo subieron en la parte trasera de un camión militar y partieron, pero aún quedaba mucho peligro por delante, sabían que tendrían que enfrentar a los cyborgs que los perseguirían por las llanuras arrasadas. Algunos hombres perdieron sus máscaras para respirar en el ambiente tóxico de los territorios que rodeaban la gran carretera, por lo que no serían de mucha ayuda ante un ataque, pero al final fueron pocos los cyborgs que aparecieron, los destruyeron sin problema. Muchos soldados volvieron tosiendo sangre por la contaminación del aire y varios murieron en el campamento.
Lamento que los batallones no llegaran antes de que te reemplazaran los miembros, mis cálculos fallaron o quizás por algún motivo Zenit apresuró la intervención. Gilmour no pudo evitar pensar que Zenit sí terminó la transformación antes que lo rescataran, por lo que ya era un cyborg hecho y derecho. Más claro no podía ser, el plan de Vera aún no terminaba, en la conjura estaba metido Zenit, pero el mecánico fue incapaz de prever que ella lo traicionaría y lo mandaría matar. La concha de tu madre, Zenit terminó de transformarme y me trajiste para matarlos a todos.
En ese momento, Gilmour supo que los brazos metálicos ya eran suyos. Se levantó y agarró a Vera del cuello, pero la androide le pateó el estómago sin levantarse de la silla y Gilmour cayó de espaldas junto con la camilla. Impotente, intentó pararse, pero aún no controlaba las piernas, parecía una tortuga de espalda en el suelo que intentaba ponerse de pie, una escena tragicómica que para él fue la humillación final, el ridículo máximo para uno de los guerreros más bravos entre los alzados. Odió a Vera con todo lo que le quedaba de humanidad. La androide quiso ayudarlo, pero Gilmour la rechazó de un manotazo y con mucho esfuerzo pudo arrastrarse hasta la pared de la enfermería para apoyarse en ella. Estaba empapado, no de lágrimas, ahora en sudor. Esperó la orden de Vera para que se activara el cyborg en él y comenzara la matanza, intentaría rechazar por todos los medios la programación, aunque sabía que era imposible, ninguno de los convertidos lo logró alguna vez, al menos hasta donde él sabía.
Debes entender que la situación en la que te puse fue necesaria, la ves como una traición, pero era la única forma para descubrir dónde se ubicaba la base de mando de los mecánicos, te escondí el verdadero objetivo para que los androides no lo detectaran, fuiste elegido porque eres el único que podía resistir hasta que te rescatáramos. Gilmour levantó un brazo y movió los dedos de la prótesis frente a sus ojos, podía escuchar el sonido de los engranajes que articulaban las falanges, una fricción fina, agudísima, casi sibilante. Zenit no terminó de transformarte, si lo hubiera hecho, ya habrías comenzado a asesinar a tus compañeros. ¿Cómo lograron encontrarme? Cuando te besé antes que partieras, introduje en tu organismo miles de nanotransmisores que enviaron tu ubicación.
Si todo lo que Vera decía era verdad, ¿valió la pena convertirse en una entidad que no era completamente humana ni completamente máquina? Como Zenit no alcanzó a programarlo, podría decirse que era más humano que máquina, único en su tipo, pero esa idea no lo consoló, no tenía sensibilidad en los miembros, no sabía si algún día la tendría, podía usarlos para moverse, caminar, agarrar cosas y nada más, solo herramientas. Le arrancaron una parte importante de sí mismo. ¿Cómo abrazar ahora a su hija si aún viviera?
Vera siguió con su historia. Le contó que desertó porque era innecesario esclavizar a los humanos para salvar el planeta, existían otras alternativas. La guerra podría transformarse en un bucle eterno: humanos sometiendo a los androides, luego al revés y después viceversa. Pero ella veía fórmulas para romper esa fatalidad y lograr la unión. Para ello, según dijo, era necesario eliminar a los actores clave que no permitirían que eso sucediera. Zenit era uno de ellos. Algunos humanos también tendrían que morir. ¿Empiezas a ver la importancia del plan, Gilmour? Él no veía nada, solo una burla cruel y descarada. O sea que la solución de la guerra era el amor y la amistad y las buenas intenciones. Lo que se pregonaba hace siglos, ahora era pregonado por un montón de circuitos capaz de fingir benevolencia sin siquiera ocultar su hipocresía.
No te creo nada, desarrollaste la capacidad de mentir y de manipular igual que Zenit, terminarás siendo la reina de un desierto de huesos y metal. Ningún androide ha desarrollado la capacidad de mentir, nuestra inteligencia hace que eso sea innecesario. Entonces encontraste la forma perfecta de traicionar, fui un imbécil al pensar que podías conmoverte con lo que sufrimos. Tú sabes que los androides no sentimos nada, trabajamos a través de la lógica y algoritmos que nos permiten cruzar y asociar datos millones de veces más rápido que ustedes. ¿Entonces por qué insistes en que estás de nuestro lado? No es necesario ponerse en la situación del otro para hacer lo correcto, Gilmour.
*****
En tres meses Gilmour estuvo recuperado, pero avergonzado. Ya podía controlar sus prótesis y las utilizaba como si fueran miembros orgánicos, pero no soportaba las miradas del resto. Nadie lo evitaba, pero muchos soldados necesitaron tiempo para acostumbrarse a ese ser que ahora pertenecía a sus filas. No era fácil asumir que uno de los mejores líderes era ahora mitad máquina. Lo que más le hacía daño a Gilmour era mirarse en el espejo. Vera se lo advirtió, pasaría mucho tiempo antes de que pudiera aceptar a su nuevo yo. Durante ese periodo dejó de entrenar, aunque podría hacerlo mucho mejor que antes, se marginó de las planificaciones estratégicas de la milicia y pasaba la mayor parte del tiempo en su tienda reflexionando nadie sabía sobre qué.
Así comenzaron las habladurías. Algunos decían que todavía desconfiaba de Vera, otros que permanecía atrapado en el trauma de perder parte de su cuerpo y unos pocos pensaban que se volvió loco. Nadie tenía certezas. Los más cercanos a Gilmour intentaron sacarle algo, él mantuvo el silencio, así que no insistieron y lo dejaron solo con sus elucubraciones. Los más entusiastas intentaron motivarlo para que volviera a las batallas, extrañaban al guerrero que hasta hace poco fue. Desde la conversación en la enfermería, no volvió a hablar con Vera y ella tampoco se acercó a él, solo mantuvieron la cortesía de saludarse cuando se cruzaban en el campamento. Cierto día, le avisaron a Gilmour que al próximo amanecer partiría un grupo dirigido por Vera para iniciar negociaciones con el androide que quedó al mando luego de la destrucción de Zenit y le pidieron que fuera con ellos. Gilmour aceptó, creía estar en condiciones de volver de a poco a la lucha, además, esas negociaciones lo inquietaron.
Al día siguiente partieron, Gilmour fue junto a un grupo de soldados en la parte trasera de un camión, Vera era transportada en un vehículo menor y protegida por dos tanques en la delantera y otros dos que cerraban la caravana de líderes. Gilmour no quiso estar en las negociaciones, se quedó en el camión con su máscara de oxígeno puesta y vio todo desde lejos en una colina, abajo en la planicie estaba Vera de pie y frente a ella el nuevo líder de los mecánicos, detrás de cada uno sus respectivos ejércitos. Los androides parecían apagados, no vio ningún movimiento, pero entre los hombres y mujeres notaba nerviosismo, como si no alcanzaran a escuchar lo que hablaban los negociadores y se preguntaran entre ellos qué dijo uno y qué respondió el otro.
En ese momento Gilmour entendió lo alto que llegó Vera en la jerarquía de los alzados, algo que pocos creerían si no estuvieran ahí. Una androide embajadora de los hombres y en quien estaban puestas todas las esperanzas de la humanidad, una escena tan absurda como la de un lobo negociando la paz con otros lobos en representación de las ovejas. Bajó del camión y se sentó apoyado en un neumático. Se decía que ejércitos de otros países negociaron en algún momento con los mecánicos, pero nadie lo pudo comprobar. Si sucedió, lo más probable es que fueran las milicias independientes que no se unieron a la fuerza militar mundial. El contacto con ellas se había perdido hace muchos años.
El encuentro duró tres horas y al finalizar, las filas de los mecánicos dieron la vuelta y avanzaron en dirección al sol, mientras los alzados subían la colina hacia los vehículos y tanques. Cuando la caravana emprendió el regreso, los soldados que iban con Gilmour comentaron lo que alcanzaron a entender de las palabras entre los dos androides. No había seguridad de los acuerdos que se tomaron, si es que hubo alguno, pero dijeron que Vera habló de unidad, lo que dejó a varios con la boca abierta y una especie de indigestión. No podían creer que entre las cabezas del alzamiento existiera la idea de una hermandad con los robots.
Gilmour entendió que él fue uno de los primeros en escuchar la idea de Vera, si no el primero, y por la reacción de esos soldados supo que sería una política casi imposible de llevar a cabo. Sintió satisfacción por el probable fracaso de Vera, no quiso averiguar si fue correcto o incorrecto hacerlo, dejó esa discusión moral para más adelante, cuando tuviera la cabeza en frío y en silencio. Nadie más habló hasta que llegaron al campamento, Gilmour abandonó el camión y caminó hacia Vera. Cuando le iba a tomar el brazo dos guardias lo retuvieron y le apuntaron con rifles, se notaba que algunos dejaron de confiar en él desde que volvió de la base de Zenit, pero no le importó, le gritó a Vera y ella calmó a los guardias. Gilmour le dijo que esa tarde iría a su tienda a conversar, lo que generó expectativa en todos los que escucharon, varios levantaron la cabeza y se miraron entre ellos como recibiendo al fin algo que esperaban desde hacía mucho tiempo.
Esos mismo curiosos siguieron a Gilmour como perros buscando comida cuando lo vieron caminar hacia la tienda de Vera esa tarde. Todos querían saber qué ocurriría en el encuentro, eso era más atractivo que las negociaciones que se llevaron a cabo al amanecer. Muchos aún lo respetaban y querían saber qué sería de él, Gilmour lo advirtió en un momento y se detuvo, miró sobre su hombro y alcanzó a divisar a varios soldados deteniéndose casi al mismo tiempo y corriendo la vista hacia cualquier lado. Otros se escondieron detrás de unas cajas y de los camiones, pero fue demasiado tarde para ocultar lo que sucedía. Todo quedó en silencio unos segundos y luego se volvieron a escuchar los engranajes de las piernas de Gilmour.
Llegó a la tienda de Vera y entró. La androide estaba sentada frente a una mesa y le hizo una seña para que tomara asiento, él dijo que no, lo que venía a decir era corto y no había necesidad de tanto protocolo. Vera le preguntó qué opinaba de las negociaciones y él respondió que no le interesaron, no veía ninguna posibilidad de que una unión entre androides y humanos fuera posible y que se opondría a cualquier decisión que fuera en esa dirección, pero también entendía el poder que ella tenía en el alzamiento y para él era inútil seguir perteneciendo al ejército mundial, por lo que se iría al día siguiente. Cualquier estrategia que fuera analizada por las cúpulas ya no era de su incumbencia. La unión es la única forma de terminar con la guerra, aunque tome años y vidas, así podremos romper el bucle de muerte entre humanos y mecánicos, solo necesitas confiar. Confianza, eso es lo que no tengo.
A Gilmour le pedían demasiado después de no confiar en él al ocultarle el plan para destruir a Zenit. Si hubieran sido honestos, quizás no habría terminado como terminó, con esos brazos y piernas que odiaba, con ese sonido de engranajes de mierda persiguiéndolo todo el día y sin sentir nada en sus dedos al tocarse la cara o el pecho. Deseaba, aunque le dolía, que lo hubieran salvado un poco más tarde para que Zenit alcanzara a conectar la sensibilidad a su sistema nervioso. ¿Aún esperas que tenga sentimientos como ustedes para confiar en mí? Gilmour quiso explicarle que no esperaba nada, que no podía confiar con todo ese metal encima, le pesaba demasiado, que quizás ella entendería si tuviera pedazos de carne en su cuerpo, pero no lo hizo. Justo en ese momento, los que estaban reunidos afuera de la tienda esperando alguna noticia escucharon un disparo y un sonido metálico que golpeó el suelo. Unos segundos después, una mano mecánica abrió la entrada de la tienda y Gilmour apareció sosteniendo un arma humeante, la arrojó al suelo y paseó la vista sobre quienes lo miraban con los ojos bien abiertos.